Citando a Shaila Torroella Navarro, trabajadora social, experta en Exclusión Social, Integración y
Ciudadanía. Elaboró su trabajo "Aproximación a la práctica de la
Mutilación Genital Femenina -MGF", durante su estancia como coordinadora
de proyectos en Malí durante el periodo 2009-2010. y nos arroja información sobre como poder detener este problema que se comienza a expandir.
Asimismo, en contra de lo que popularmente se cree, la religión no es
un factor determinante pues la mutilación es practicada tanto por
musulmanes como por cristianos y animistas.En cuanto a las principales razones que los malís aducen para justificar la ablación cabe destacar: la preservación de la virginidad, el mandato religioso, garantizar placer para el hombre, mejorar la higiene y el reconocimiento social.
¿Qué nos pueden estar diciendo todos estos datos? En primer lugar que la práctica de la mutilación se cimenta en factores culturales y de identidad como se desprende de las variaciones de prevalencia por grupo étnico. Segundo, que la imagen y el rol de subordinación que se asigna a la mujer en la sociedad malí permite que se dé esta violación sistemática de sus derechos (véase mas arriba preservación de la virginidad y garantizar placer al hombre). Tercero, que a lo anterior se une una desinformación generalizada en temas de salud e higiene. Y cuarto, que funciona como un medio de inclusión social: los hombres solo se casan con mujeres/niñas mutiladas.
Estas cuatro razones enraizadas en la sociedad provocan que los diversos intentos de eliminar la práctica no hayan dado, hasta la fecha, los resultados esperados.
Entonces, ¿qué se puede hacer? Esta pregunta no tiene fácil respuesta. Aun así algunas pistas podrían ser: enmarcar todas acciones de lucha contra la MGF dentro de programas de promoción y defensa de los derechos de la mujer. Asimismo incentivar la participación activa de los hombres en la lucha para la erradicación de la práctica. Seria importante además realizar un esfuerzo todavía mayor en conseguir que todas las mujeres reciban formación en educación sexual y reproductiva y entiendan las consecuencias nocivas para su salud que se desprenden de la práctica.
Por último debemos ser pacientes. Como hemos visto, el arraigo cultural de la MGF es muy elevado, lo que implica que para erradicarla será necesario trabajar a lo largo de varias generaciones. Solo con perseverancia las mujeres podrán ver mejorada su calidad de vida a través del disfrute pleno de sus derechos.


























